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El caso “Bárcenas”: Nada nuevo bajo el sol

Daniel Ramírez García-Mina

Ya está. Bárcenas ha echado el resto. Ha declarado que pagó a Rajoy en efectivo entre los años 2008 y 2010. Solo nos queda esperar. En Génova intentan ganar tiempo. La primera valla la saltan con una más que hipotética adulteración de una rueda de prensa que apenas ha tenido preguntas.

En todas las facultades de Periodismo se repite la misma frase una y otra vez: “El periodista debe ser el perro guardián de la democracia”. Un brindis al sol. Poco falta para que nos saquen a pasear por Moncloa, Génova y Ferraz, con correa y todo. Quedémonos en casa. Además, en el Partido Popular ya demostraron que las ruedas de prensa pueden verse por la tele perfectamente.

La oposición parece que intenta ponerse de acuerdo. Todos piden la cabeza del presidente. Cualquiera se sube al carro. Pero no nos engañemos. Todo es juego político. Los grupos parlamentarios no aguantarían caminando en la misma acera ni diez metros. Solo van a apoyar a la vez el primer pie, o al menos intentarlo, tirando al gobierno de turno, para luego enbroncarse y disputarse el trono. Sí, igual que en la dichosa serie. Todos a por el trono de hierro.

En Génova, balones fuera. En Ferraz, patadón arriba. Mientras tanto, los ciudadanos en medio, recibiendo los golpes. No hay porche que refugie, ni escudo que valga. Los malos parecen buenos, y los que fueron buenos una vez, ahora son malos. El PSOE ya hizo lo suyo hace tiempo, el PP lo hace ahora. Opio y más opio para el pueblo, solo nos queda elegir el color del bote.

Procedencia: urugayitaysuscafesdelsur.blogspot.com

Procedencia: urugayitaysuscafesdelsur.blogspot.com

LLegarán las elecciones. El voto es un paredón sin salida que aprieta, de un lado y del otro. No hay conducto de salida. La savia nueva no funciona porque no es nueva. No parece posible la dimisión. “Cumpliré mi mandato”, asegura Rajoy en un arrebato de valentía. Bárcenas en la cárcel está maquinando. Quiere hacer leña de un árbol que si no esta caído, ya está bastante torcido.

La moción de censura es, por el momento, inviable. El PP tiene 185 escaños en el parlamento. La oposición, jugando todos en el mismo equipo, no alcanza los 175 necesarios para sacar el tema adelante. En los populares alguien tendría que revelarse contra sus padrinos y votar en contra de lo marcado… Misión imposible. Ni fichando a Tom Cruise. La disciplina de partido, en España, es más que castrense.

Los periodistas, en la cama. Soñando con los gloriosos días del Watergate y el éxito cosechado con el hallazgo de los GAL. Poco queda de eso. El periodismo de investigación requiere dinero, es caro, y los recursos no abundan. ¿Hay voluntad? Eso ya depende de cada uno, amigo.

El ciudadano, mientras, está en la ventana; viendo caer el chaparrón. No hay hombre del tiempo que sepa cuándo va a terminar esto. Viene de largo y todavía puede estirarse más. Nada nuevo bajo el sol.

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Contar historias

Daniel Ramírez García-Mina

Contar historias. Cada uno tiene la suya. Están interconectadas. Siempre serás el protagonista en la tuya, pero al mismo tiempo, serás un actor principal o secundario en el camino del que tienes al lado. También puede que seas un simple transeúnte en las páginas del que camina por el mismo sitio. Los personajes son infinitos, nunca se acaban. Poner un pie en la calle supone un escenario sin límites lleno de multitudes y también de gente con nombre y apellido.

Las escenas se suceden sin parar. Unas se escribirán en negrita, otras con lápiz. Unos creen en el destino y piensan que en algún cajón está la cinta de su historia guardada bajo llave. Otros dan un valor incalculable a cada una de sus decisiones considerándolas el camino hacia una meta que no se conocerá hasta el último día de rodaje.

Cuando el panorama es complicado dejamos de cambiar canales. Solo observamos nuestra historia. De vez en cuando hacemos caso a algunos de nuestros protagonistas, pero olvidamos que los que comparten planeta con nosotros también tienen la suya.

Los problemas nublan nuestra vista y se crean burbujas. Son un sucedáneo de casa, más parecido a una cárcel sin barrotes, en las que solo vemos fragmentos de la película protagonizada por el de la habitación de al lado.

Existe una ventana abierta al exterior. Es cierto. Lamentablemente, por ella solo entran las vidas de los admirados, las historias del éxito, las del triunfo de lo económico y, muchas veces, las de la victoria de lo material. Futbolistas, actores, músicos y celebridades tienen un hueco en nuestra casa.

Procedencia de la imagen: ajuntamentdevilafranca.es

Procedencia de la imagen: ajuntamentdevilafranca.es

Fuera de nuestra frontera, que por supuesto hemos creado nosotros, existen muchas escenas sin filmar. Ahí afuera viven otro tipo de héroes. Son anónimos. Su nombre no es lo importante, pero su historia es magnífica. Los valores son distintos. Lo material y lo económico desaparecen en lugar de la superación, el sufrimiento y la bondad. El éxito es humano y el reconocimiento mínimo, pero la historia es maravillosa.

Un músico que toca en la calle para recuperarse de una depresión, un hombre que camina hacia Jerusalén para ayudar a las víctimas del Alzheimer, un tipo que corre maratones para recaudar dinero para los del cromosoma 21, un preso que sobrevive al exterminio nazi gracias al fútbol, una mujer que baja la comida todos los días al méndigo del cajero de su barrio, un periodista que abandona su vida para sacar adelante una red de orfanatos en la India, una tipa dura que merienda con los sin techo y que termina recibiendo el apodo de “madre”…

Esas historias existen. Están en la trastienda. No tienen hueco en la nuestra. Cuando conseguimos sacarlas a la luz son un antídoto poderoso. Disparan directamente al corazón. Nos sensibilizan abriendo las ventanas de nuestra burbuja.

Contar historias. Parece una simple forma de entretenimiento. Sin embargo, se trata del elemento más productor de solidaridad. No hay que volverse loco para buscarlas. Solo hay que acercarse. Están ahí. La del cuentacuentos es la habitación mejor decorada. Entremos en ella y convirtámosla en un espacio para todos.

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Es la historia de tres periodistas: Se llamaban escepticismo, empirismo y racionalismo

Daniel Ramírez García-Mina

Se produce un atraco en un gran banco. Los ladrones se van corriendo. Ha sido un golpe perfecto. La cifra que se han llevado es espectacular y la policía ha llegado a la sucursal cuando ya se habían marchado.

Tres periodistas acuden a la sede del banco para informar de lo ocurrido. Tienen que elaborar la crónica que saldrá en el periódico al día siguiente. No hay prisa, es improbable que aumente el flujo de información. Por tanto, deciden sentarse en una cafetería a charlar, a darle vueltas al asunto. Tienen que decidir cómo escribirán lo sucedido.

Los tres se conocen de sobra. Uno de ellos es apodado “el escéptico”, otro es un racionalista ad hoc y el tercero se caracteriza por su arraigado empirismo.

El escéptico dice que mañana no dará cuenta del atraco. Asegura que no hay pruebas. Duda de todo y se muestra reacio a juntar letras acerca del tema. El racionalista bebe su café lentamente. Medita cada una de sus palabras y escribirá su crónica después de darle mucho al coco y llegar a través de sus pensamientos a la X marcada en el mapa: el porqué del atraco. Por último, el empirista dice que solo informará de lo que ha visto. Escribirá el post-partido del atraco. Será una crónica de reacciones que dará cuenta de los interrogatorios, de las últimas actuaciones de la policía, etc.

Ahí están los tres extremos juntos, tomando algo. Al día siguiente, el lector podrá optar por crónicas muy distintas. El problema reside en que para estar bien informado tendría que leerlas todas. Lógicamente, es algo que no hará ya que el tiempo es muy caro, y por ello, generalmente no leemos varias noticias acerca de un mismo tema.

La persona que compre el periódico del escéptico no se enterará del atraco. Ha decidido no informar porque duda de todo lo sucedido y no ve nada cierto, ni siquiera el atraco.

Aquel que decida acudir a las páginas del racionalista podrá encontrarse con un cúmulo de suposiciones. Leerá una serie de razonamientos encadenados que le llevarán a una conclusión lógica, pero que puede ser errónea.

La crónica del empirista solo contará el después. Dejará de lado el antes, el contexto y el cómo. Solo informa de lo que ve con sus propios ojos.

Fuente: historiadelafilosofiaparacavernicolas.blogspot.com

Fuente: historiadelafilosofiaparacavernicolas.blogspot.com

 El periodismo que se realiza, en muchas ocasiones, se encuentra sobrevolando la línea de lo “pasable”. La verdad es del color del cristal a través del que se mira. Puede sonar relativista, pero el mero hecho de escoger las palabras con las que contar un hecho ya tiene unos matices.

La información debe estar alejada de los extremos. Sin embargo, todo periodista debe ser un tanto escéptico a la hora de informar. Tiene que creérselo. Es bueno que dude una y otra vez, hasta que tenga la certeza de que lo que va a publicar no albergue hechos que se encuentren lejos de la realidad.

Preguntar por qué es bueno. Siempre que obtengas una respuesta, llegarás a una situación en la que contengas más información que en la anterior. El conocimiento y las vueltas de tuerca típicas del racionalista pueden ayudar al periodista en el camino.

Cuando uno informa de algo que ha visto, lo hará bien. Es arriesgado decirlo, pero el desplazarse al lugar de los hechos es un seguro de vida, una garantía de verdad. Las redes sociales, el famoso streaming y la televisión, en ocasiones, suponen un ancla y hacen que el periodista se quede en casa.

¿Por qué no piden algo de comer y hacen el trabajo los tres juntos? Si todo va bien y no acaban lanzándose las sillas, el resultado final será una crónica a medio camino entre el escepticismo, el realismo y el empirismo.

Al día siguiente podrá leerse algo verdadero, razonado y con el valor añadido de la información recogida desde el punto clave. Escribir con estos tres colegas al lado puede ser la receta de un buen trabajo.

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