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Jaime Caballero: Una proeza por los enfermos de ELA

Dover, Inglaterra. Jaime Caballero se mete al agua y empieza a nadar. El objetivo es llegar a Francia, a la costa de Calais. Esta vez no se quedará ahí. No va a recorrer el Canal de la Mancha en una sola dirección. Va para volver. Tan solo 17 personas han conseguido hacerlo previamente. Si lo hace, será el primer español en lograr una proeza un tanto macabra.

Digo macabra porque todo juego tiene unas normas. El agua está a 14 grados y no puede llevarse neopreno. Hasta no haber completado todo el recorrido, no podrá abandonarse el mar en ningún momento.  Es una auténtica proeza y, por eso, mucha gente está pendiente de cada brazada de Jaime.

El deportista de Tolosa reconoce estar haciendo una locura, pero sus pensamientos están regidos por un leitmotiv: la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica). Esta enfermedad es neuromuscular. Quien la sufre va viendo cómo su cuerpo empieza a perder la movilidad, en muchos casos, con un pronóstico mortal. Jaime Caballero tiene dos objetivos: conseguir que se investiguen nuevos tratamientos y concienciar a los demás de que estas personas necesitan un acompañamiento. Por todas estas elloz, Jaime se ha tirado al mar y no saldrá durante 24 horas y 35 minutos.

De día, nada tranquilo. Desde el barco de apoyo le avisan de la cercanía de las medusas y de otros “compañeros” de travesía con los que puede tener problemas. Sin embargo, por la noche, todos los gatos son pardos. Jaime se choca con bancos de medusas. No van solas. Vienen en manada y recibe una picadura tras otra. Un pensamiento peligroso ronda por su cabeza: el abandonar.

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Fuente: notinat.com

Muchos enfermos de ELA están ahí. Siguiendo por internet cada metro avanzado. Mandan mensajes de ánimo que transmiten a Jaime desde el barco de apoyo. Hay quien le está escribiendo con los ojos ya que no puede mover las extremidades. Se acuerda de muchos. “Ellos sufren y su sufrimiento no se acaba con el paso del tiempo. Lo mío, se va a acabar. No queda tanto. Hay que seguir adelante”, piensa el nadador.

Cuando ya ve de cerca la costa francesa, la corriente empieza a ser más fuerte. Desde el barco, piensan que se ha desorientado. No avanza. La situación empieza a ser insostenible hasta que, finalmente, alcanza Calais y da media vuelta. Ya está completada la mitad del trayecto.

“Siempre adelante” es el nombre de la asociación con la que colabora el de Tolosa. “Nado porque puedo y para los que no pueden”. Jaime sabe que gracias a esta locura la gente empieza a conocer una enfermedad que antes podía resultar desconocida. El precio son 90 kilómetros a nado. Está dispuesto a pagarlo y así lo está haciendo.

Cuando la arena inglesa acoge, de nuevo, los pasos de un Jaime Caballero ya desfallecido, la situación brilla con luz propia. El objetivo ya ha dejado de serlo para convertirse en un logro, la meta ha pasado a ser el lugar presente y, lo más importante, la Esclerosis Lateral Amiotrófica está en las páginas de varios medios de comunicación.

Le duele todo, desde el primer pelo de la cabeza hasta el dedo meñique del pie. Le llevan directo a un hospital. La asistencia médica es urgente. La sangre del nadador está infectada con una cantidad considerable de veneno de medusa y una de sus piernas ha sido cosida a picotazos. Antibióticos, revisiones, reposo… La recuperación y el bienestar físico vuelven a aparecer, poco a poco, en el cuerpo de Jaime. Cuando salió del mar, no podía hablar. Parecía que estaba borracho, pero como dice él, estaba borracho de alegría e ilusión.

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Las dianas, ese momento

Daniel Ramírez García-Mina

Son las 6:45 de un día cualquiera de la segunda semana de julio. El viento convertido en música por los integrantes de La Pamplonesa empieza a sonar. A su ritmo bailan los más valientes. Se forma un popurrí extraño. Aquellos, todavía tocados por una larga noche que aún no ha terminado, bailan con los que se han despertado temprano.

Todos siguen el sendero marcado por La Pamplonesa, que tiene como objetivo despertar a la ciudad. Nadie puede quedarse en la cama. Falta poco más de una hora para que comience el encierro.

Las dianas no son un momento cualquiera. Son la forma de empezar el día de muchos pamploneses, que no se darán por vencidos hasta haber escuchado la última jota dirigida por el maestro. Esto viene de largo. Mi abuelo tiene 80 años y recuerda las dianas como algo que se repite año tras año desde que tiene uso de razón. Me fío de él.

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Cuando empieza a sonar la música todo se para (aunque todo se mueve para algunos que todavía no se han acostado). Se respira algo especial. Ahí, cerca del maestro, están los de siempre. Saben cuándo la banda desafina, conocen siempre la nota que va a sonar. Es algo suyo, su momento.

Cada año son más las personas que se acercan cuando oyen sonar la música. Mucha gente se arremolina en torno a La Pamplonesa, pero en el centro, al ladito de los músicos, están ellos, los de ayer y los de mañana, los que miran todos los días el reloj de Kukuxumusu para ver cuánto falta. Las dianas suenan con anzuelo. Muchos pican y se hacen fieles para volver el año que viene.

Piel de gallina. Silencio cuando habla el maestro. Mano en alto, con un número marcado para sugerir cuál toca. Suena la música. Brazos arriba, agitándose de un lado a otro. Son las dianas. Ese momento, su momento.

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El caso “Bárcenas”: Nada nuevo bajo el sol

Daniel Ramírez García-Mina

Ya está. Bárcenas ha echado el resto. Ha declarado que pagó a Rajoy en efectivo entre los años 2008 y 2010. Solo nos queda esperar. En Génova intentan ganar tiempo. La primera valla la saltan con una más que hipotética adulteración de una rueda de prensa que apenas ha tenido preguntas.

En todas las facultades de Periodismo se repite la misma frase una y otra vez: “El periodista debe ser el perro guardián de la democracia”. Un brindis al sol. Poco falta para que nos saquen a pasear por Moncloa, Génova y Ferraz, con correa y todo. Quedémonos en casa. Además, en el Partido Popular ya demostraron que las ruedas de prensa pueden verse por la tele perfectamente.

La oposición parece que intenta ponerse de acuerdo. Todos piden la cabeza del presidente. Cualquiera se sube al carro. Pero no nos engañemos. Todo es juego político. Los grupos parlamentarios no aguantarían caminando en la misma acera ni diez metros. Solo van a apoyar a la vez el primer pie, o al menos intentarlo, tirando al gobierno de turno, para luego enbroncarse y disputarse el trono. Sí, igual que en la dichosa serie. Todos a por el trono de hierro.

En Génova, balones fuera. En Ferraz, patadón arriba. Mientras tanto, los ciudadanos en medio, recibiendo los golpes. No hay porche que refugie, ni escudo que valga. Los malos parecen buenos, y los que fueron buenos una vez, ahora son malos. El PSOE ya hizo lo suyo hace tiempo, el PP lo hace ahora. Opio y más opio para el pueblo, solo nos queda elegir el color del bote.

Procedencia: urugayitaysuscafesdelsur.blogspot.com

Procedencia: urugayitaysuscafesdelsur.blogspot.com

LLegarán las elecciones. El voto es un paredón sin salida que aprieta, de un lado y del otro. No hay conducto de salida. La savia nueva no funciona porque no es nueva. No parece posible la dimisión. “Cumpliré mi mandato”, asegura Rajoy en un arrebato de valentía. Bárcenas en la cárcel está maquinando. Quiere hacer leña de un árbol que si no esta caído, ya está bastante torcido.

La moción de censura es, por el momento, inviable. El PP tiene 185 escaños en el parlamento. La oposición, jugando todos en el mismo equipo, no alcanza los 175 necesarios para sacar el tema adelante. En los populares alguien tendría que revelarse contra sus padrinos y votar en contra de lo marcado… Misión imposible. Ni fichando a Tom Cruise. La disciplina de partido, en España, es más que castrense.

Los periodistas, en la cama. Soñando con los gloriosos días del Watergate y el éxito cosechado con el hallazgo de los GAL. Poco queda de eso. El periodismo de investigación requiere dinero, es caro, y los recursos no abundan. ¿Hay voluntad? Eso ya depende de cada uno, amigo.

El ciudadano, mientras, está en la ventana; viendo caer el chaparrón. No hay hombre del tiempo que sepa cuándo va a terminar esto. Viene de largo y todavía puede estirarse más. Nada nuevo bajo el sol.

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